Buscando tu Katharízo

Tenia lepra, una de esas enfermedades de las cuales ya casi ni se habla. Es como decir que tenía VIH. El caso es que nadie quería acercársele pues la enfermedad era fuertemente contagiosa (Lev 13:8). Pero el problema no era solo eso, además de la lepra, el tenía un pesar que corroía también el corazón: la lepra externa significaba que Dios lo había rechazado definitivamente, y eso dolía más que las llagas (Lev 13:46).


En su mente hojeaba entre recuerdos buscando algún error cometido que pudiera culpar del rechazo de Dios, o quizás la explicación estaba en la vida desenfrenada de sus padres, o talvez sus abuelos (Juan 9:2).

Un día escucho de un tal Yeshua Messiah que realizaba milagros en Galilea, su tierra. “Pero tendrá sentido tratar de buscar solución a mi problema? La última vez que alguien fue sanado de lepra fue en los tiempos de Eliseo, y las cosas han cambiado mucho desde entonces (2 Reyes 5:14)”- pensó para sí.

Sacudió el pensamiento que lo detenía y comenzó a caminar por las afueras de la ciudad, gritando su dolor cuando veía que alguien se acercaba (Lev 13:45).
A la distancia vió mucha gente y un hombre que caminaba al frente. Se acercó a la multitud, quienes al notar el infortunio se alejaron dejando al hombre solo. Rápido notó que este era el Yeshua de quien había oído hablar, así que se arrodillo sin vacilar.  Las piedras herían sus rodillas, pero era tanta la esperanza que había en el corazón que no sentía dolor. “¿Podrá Dios aceptarme?” – pensó. Su corazón casi se salía de su pecho. Por un instante olvidó su lepra y entendió que lo más importante era ser aceptado por Dios, así que en vez de pedir por sanación suplicó entre sollozos: “Si quieres puedes limpiarme” (Marcos 1:40).

Si limpiarme (katharízo en griego) fue la palabra que usó. Cosa extraña porque lo correcto hubiera sido decir: “Si quieres puedes sanarme (Therapeub en griego)”. Pero desde que desarrollo la enfermedad, sus líderes religiosos le habían convencido de que Dios no lo quería por su mal proceder o por algún pecado oculto de sus ancestros. De ahí que dijera al Maestro: “Si quieres”.

El maestro, al ver el dolor de su corazón, tuvo misericordia de el, extendió su mano, toco el cuerpo lleno de llagas del enfermo y le dijo: “Quiero, se Limpio” (Marcos 1:41).
Quizás no lepra, pero algo en tu vida te ha convencido de que Dios no quiere verte. O quizás seas tú el que no quiere ver a Dios. Sea cual sea el caso, el prejuicio o las ideas prefabricadas te están alejando de tu Katharízo. Es tu decisión, seguir viviendo entre las sombras, o venir a la sanidad de un amor misericordioso que quiere tocarte, que quiere limpiarte, que quiere sanarte.



No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...