El Mandamiento de los Padres

Hay diez mandamientos en la Biblia. Estos son la base de la moralidad de la cultura judeo-cristiana. Tratan diferentes temas, desde nuestra interacción con Dios, hasta el comportamiento con nuestros vecinos. Hay incluso uno que describe como debemos tratar a nuestros padres.

Pero, te has preguntado: ¿existe un mandamiento que diga lo que los padres deben hacer con sus hijos?

Aunque no son parte del decálogo, que así se conocen los diez mandamientos, Dios sí dio un mandamiento particular a los padres. Este se encuentra en el libro de Deuteronomio, Capitulo 6, versículo 6:


Deuteronomio 6:6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

En este mandamiento, el creador ordena a los padres repetir con regularidad unas palabras específicas a sus hijos. ¿Qué es eso que los padres debían repetir a sus hijos?
Aunque todo el verso seis es un énfasis a las leyes dadas al pueblo, llama en especial la atención los versos que anteceden a este. Veamos:

4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

En éste verso Dios se presenta como “uno”. Muy probablemente el pensamiento politeísta de los egipcios habría alterado la concepción divina de los hebreos. Por eso Dios se presenta como uno. No muchos dioses, si no uno solo.

Sin embargo hay más. Esta forma de llamar, “oye Israel”, y luego esa forma de simplificar su introducción, “soy uno”, denota el interés en estar cerca de ellos personalmente. No nos habla un dios impersonal, administrado por adivinos y agoreros, tal como en Egipto. Este era el Dios que se tomaba el tiempo de llamarlos por su nombre, y se presentaba a si mismo con el suyo.

Es Dios mismo quien desea presentarse como uno. Y en esto radica el tipo de relación que quería tener con los hebreos, y que quiere tener con nosotros. Es como si Jehová, a quien recién conoces, tomara tu mano y se presenta a sí mismo diciendo: “hola “tu nombre”, soy Dios”. Lo que sigue nos dice hasta donde quería llegar con su relación.

5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

Dios les dice a los hebreos: “en la relación nuestra, debe mediar el amor”. Acaso no es esa una propuesta de amor.

Lo curioso es que los versos que siguen y ya leímos enfatizan que esas palabras, la ley sí, pero más que la ley, el verso 4 y 5, sobre el amor de Dios, debían estar en el corazón y debían ser repetidas a los hijos.

Este es el mandamiento que Dios mandó a los padres. Así que cúmplelo. Pero primero entiende que la relación de amor debe establecerse primero contigo. El cumplirlo es dejarte amar por El. Y luego, ese amor te hará amarlo  y necesitarlo “como el ciervo brama por las corrientes de las aguas”. Si aprendes a amar a Jehová, te será fácil hacer que tus hijos lo amen también.

Así que, háblales a tus hijos sobre el incondicional y eterno amor de Dios. Ese amor mantendrá sus pensamientos cerca del carácter de Dios. Y en la hora de la caída, les hará recordar que Jehova los puede y quiere restaurar.

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