Un perfecto arbolito de cacao


Mi suegro que es un agricultor devoto, ama la tierra como a su vida y cuida sus plantas como a sus hijos. En una ocasión nos pidió a mi esposa y a mí que le consiguiéramos unos arbolitos de cacao en una feria agrícola que se estaba celebrando cerca de donde vivíamos. En su preciosa finca de café, plátano y china (así se le llama a las naranjas en Puerto Rico) le faltaba un árbol de cacao y él quería uno. Fuimos a la feria y buscamos entre los vendedores de árboles frutales hasta que conseguimos la preciada planta. Sin embargo lo que encontramos no tenía nada que ver con lo que uno se imagina cuando piensa en el árbol de cacao. De una funda de tierra se erguía aquel pequeño y débil tallo que sostenía unas largas y ovaladas hojas verdes. 


Era difícil imaginar que de allí podía salir si quiera un arbusto, pero igual compramos dos plantitas y se las llevamos al suegro. El vendedor nos dio su palabra de que lo que comprábamos era cacao y que en 5 o 6 años debería dar su fruto. Cuando llegamos a donde el suegro y le entregamos sus deseados arbolitos, había que ver la alegría que tenia aquel hombre, para él las plantas eran hermosas y  perfectas, sus tallitos, sus hojas, su verdor, eran completamente perfectas. No tenían flores, ni frutos, apenas podían sostenerse así mismas, para nuestros ojos ignorantes esas plantas no tenía nada de especial, pero para el experto agricultor tenían un potencial infinito que con el mantenimiento y cuidado necesario sin duda desarrollaría. Inmediatamente el señor buscó donde sembrar sus nuevos hijitos, limpió el lugar, preparó la tierra, sembró la planta y le regó agua, al tiempo los abonó y el resto fue cuestión de tiempo. 


Lo que en cinco o seis años daría un dorado y hermoso fruto, en el caso de uno de los arboles en tres ya había echado flores y producido los deliciosos cacaos. Ya aquel árbol no era pequeño ni frágil, era un perfecto árbol de cacao que siempre tiene flores y fruta por todo su tronco y cada año crece más y da más cacao. El otro árbol ha tardado más en crecer y en producir, sin embargo mi suegro no lo corta, para él todo es cuestión de tiempo, y con paciencia en su momento dará también su fruto.

Así es la perfección bíblica, no se trata de nunca fallar o tomar siempre las decisiones correctas, se trata de poco a poco ir creciendo hasta la estatura de Cristo; de que en nuestra limitada esfera seamos completamente perfectos como aquel pequeño árbol de cacao con todas sus debilidades lo era en la suya. Dios, a pesar de que eras frágil y débil te compró con su sangre, porque sabía que en sus manos llegarías a ser un árbol grande y fuerte que daría muchos frutos, y desde pequeñito te ha visto completamente perfecto a pesar de que ni siquiera tuvieras flores o aunque tu tallo difícilmente pudiera sostener tus ramas, porque lo que a Él le importa no es lo que eres sino lo que puedes llegar a ser si te dejas cuidar por él. Libérate de las presiones y compromisos que nos hacen esclavos de la frustración y vive la plenitud de confiar que en las manos de Jesús eres completamente perfecto. 


Pablo en Filipenses 3:12 decía “No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús.” Y tres versículos más adelante continúa diciendo, “Así que todos los que somos perfectos, tengamos esta misma actitud; y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios”. Lo que parece ser una contradicción no lo es a la luz de la perfección bíblica, ya que Pablo es perfecto en su esfera y continuará perfeccionándose a través del tiempo mientras madura en la gracia divina. Por eso dice, “no es que lo haya alcanzado ya…” “pero  todos los que somos perfectos…”. Esto es exactamente  lo mismo que Cristo dice en Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en  los cielos es perfecto” y que la escritora adventista Elena White describe como las esferas de la perfección en Testimonios para la iglesia, tomo 4, págs. 454, 455.

No te fijes tanto en tus debilidades y flaquezas, ni te dejes abrumar por la inmaculada santidad divina, confía en que Dios puede hacer de ti mucho más de lo que tus ojos ven, porque Jehová no mira lo que está delante de sus ojos, sino que ve la potencialidad que hay en tu corazón. Esa es la gracia divina.

1 comentario:

Anónimo dijo...

quería reconocer al pastor Arturo Quintero quien en una predicación online, con sus ideas motivo la composición de este articulo

-Gabriel Aleman Rodriguez

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...