La Muerte de Facundo Cabral

En un dia, una bala entró y liberó el pensamiento. La expansión de la idea pulverizó el cristal dejando que se esparciera por las corrientes subterráneas del espacio abierto.



Quedo tendida la vida, mientras nacía la legenda: “Se matan los hombres pero no sus ideas”.





El debo no es el homicida, el dedo ha sido el promotor del pensamiento. Se ha podado la rama para dar paso al follaje. El perdón lo ofrezco yo: Yo soy quien mata a Facundo cuando transito distraído por la calle predicando mi tristeza. Yo soy quien lo mato cuando visito el bosque y no veo el árbol. Yo soy quien mato cuando mis sobras alimentan al perro mientras en la calle un niño se muere. Yo soy quien mato cuando me atrinchero en la religión para combatir el amor.

Paz a los restos de Don Facundo Cabral, eternidad a su memoria.

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