"Jarto" de las Integrales y la Derivadas

Cerró su libro tan fuertemente que todos en la biblioteca voltearon a mirarlo. Estaba cansado de la tarde. Había sofocado su ánimo leyendo sobre las andanzas de la letra “e” en su libro de cálculo. Ahora necesitaba refrescarse. Así que dejo su bulto sobre la mesa de la biblioteca y emergió al patio trasero del edificio. Se acostó sobre la yerba, miro hacia el cielo y tuvo su instante con el infinito.

Arropado por el azul de un cielo abandonado de nubes reflexionó acerca de Dios. Pensó en el tiempo que había dedicado durante ese día a Dios en comparación con el tiempo que las sumatorias y derivadas le habían tomado. En su mente le pidió a Dios que dirigiera su vida y que lo ayudara a prestar atención a las cosas que verdaderamente tienen importancia. Esta petición inicio su oración del Día.

“Señor”, dijo Luis, “¿como puedo saber cuales asuntos son importantes?
Cerró sus ojos e hizo silencio como quien espera una respuesta. Espero unos minutos pero nada sucedió.

Abrió sus ojos, sacó su teléfono celular y abrió la aplicación de la Biblia que había bajado la semana pasada. La aplicación abrió en un verso del libro de Mateo. Leyó y se sorprendió con el contenido. Era Mateo 23:23.

23 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. 24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!

Entendió claramente el mensaje. Dios le había contestado su pregunta por medio de su biblia electrónica: Lo más importante en la vida es la justicia la misericordia y la fe.

¿A que se refiere Jesús con “la justicia”? Se pregunto Luis. “La justicia es dar a cada quien lo que le pertenece. La Biblia establece lo que nos merecemos: Por ser pecadores estábamos sentenciados a muerte. Pero llegó Jesús, predicho por la ley de Moisés, e hizo un divino intercambio. Tomó mis pecados y me dió su santidad. De esa manera la justicia fue satisfecha. Ahora, por lo que Jesús hizo, la salvación me pertenece. Soy justificado y puedo presentarme confiadamente antes Dios sabiendo que mis deudas fueron satisfechas”, entendió Luis.

Y ¿Qué de la misericordia? “La misericordia no es más que la materialización del carácter de Dios en nosotros. Cuando se ejecuta la justificación, en pocas palabras, el intercambio de culpas entre Cristo y yo, también se intercambian los centros de mando de la mente. Ahora mi mente es la de Cristo y ésta sigue por naturaleza los comandos del padre. Así, por naturaleza se muestra en mí el carácter de Dios. La misericordia es ver a los demás como candidatos a experimentar la gracia de Jesús, tal cual yo la he experimentado. Es entonces la reacción natural de un alma que ha sido justificada en Cristo”, concluyó Luis.

Y ¿Qué es la fe? “La seguridad que las promesas de Dios se cumplirán. La fe es entender que Dios sabe lo que dice. Es creerle a Dios. La fe es el documento espiritual que nos acredita como herederos del reino de Dios”, pensó Luis.

Al terminar su conclusión, Luis cerró la aplicación en su teléfono. Se levantó de la yerba, sacudió su camisa y caminó hacia la biblioteca. Llegando donde estaba su bulto, se sentó, abrió el libro de cálculos y escribió sobre la tabla de contenido del mismo lo siguiente: “Entonces lo más importante en la vida es saber que en Cristo soy Justificado, que soy un instrumento de salvación para otros y que soy heredero del cielo”.

Abrió el capitulo 4 y continuo leyendo.

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