Super Papa: Feliz Día de los Padres



El otro dia mi pequeño y muy curioso hijo de 5 años me interrogó mientras lo llevaba al baño de un restaurante japonés. Estando en el confinado lugar, y sabiendo que toda mi atención estaba a su disposición mientras le esperaba, entró en su ciclo espiral de preguntas difíciles. Esas que hunden mi conocimiento científico en el mar de las respuestas.

Esta vez, como otras tantas veces escogió el tema del espacio. Con la frescura habitual me pregunto: ¿Que hay debajo del planeta tierra papi?

Nada hijo, solo el espacio. Le contesté.

Y que hay debajo del espacio, me volvió a preguntar.

Me quedé callado por un largo rato, tratando de entender su pregunta, y otro largo rato más, buscando una respuesta que me satisfaciera a mi primeramente, y luego que alimentara su tierna curiosidad.

No pudiendo hallar una respuesta, me vi en la penosa obligación de contestarle a mi hijo la peor respuesta que un padre puede dar: “Papito, no se”.

Para minimizar mi vergüenza ante la caída súbita del monumento al respeto que mi hijo me había erigido, le dije: “Hijo, papi no lo sabe todo”.

Para entonces ya mi hijo se lavaba las manos trepado en mis zapatos para poder alcanzar el agua de la llave.

El sueño de todo hijo es tener un super papa. Que aunque no vuele, lo pueda levantar por los aires. Que aunque no corra como el rayo, lo persiga toda la tarde a través de la casa mientras juegan a “te cojo”. Que aunque no nade velozmente, pueda sostenerlo con firmeza cuando sus pies no tocan el fondo de la piscina. Que aunque no pueda salvar al mundo, pueda estar ahí cuando él lo requiera.

Como padres somos lo más cercano al entendimiento de Dios para nuestros hijos. Dios nos ha dado el privilegio de ser sus representantes en la tierra. Si papi es tierno, es muy probable que nuestros hijos comprendan la ternura del padre celestial.

Puede que yo no tenga la respuesta a una pregunta de mis hijos en un determinado momento. Estoy lejos de ser un padre perfecto. Pero, con la carga gigantesca de mis imperfecciones, con el carácter en remojo, con la vida en construcción que tengo, solo le pido a mi padre celestial poder estar ahí cuando la pregunta surja. Quizás no pueda dar una respuesta satisfactoria, pero mis zapatos firmes los sostendrán en esos momentos de dudas. Tal cual mi Dios hace conmigo.

Gracias Dios por confiar en mí haciéndome Papa.

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