Mi vida Automática

Me despierto en la mañana espantado por la alarma de mi teléfono. Me preparo y salgo manejando mi carro. Al alcanzar una velocidad determinada, activo el “cruise control” para relajar mis piernas mientras el vehículo se desplaza automáticamente. Hago una parada en el supermercado. Al entrar las puertas automáticas me dan acceso al establecimiento. Me detengo frente a un anaquel de música, presiono “play” para que el sistema automático me permita escuchar la canción que quiero.

Antes de pagar mis provisiones, entro al baño del supermercado. Una vez terminada mi faena, el inodoro detecta mi ausencia y automáticamente activa el descargue. Ya en el lavamanos, pongo mi mano debajo del dispensador de jabón, que detecta mi presencia y automáticamente deja caer unas gotas de jabón. Hago lo propio debajo de la llave de agua, y el sensor de proximidad detecta mi presencia. Acto seguido, agua desciente automáticamente para que pueda lavar mis manos.

Ya frente a la caja registradora, una voz electrónica me indica que deslice los artículos sobre el lector láser. Lo hago. La voz me dice el total de la compra y me indica la forma de pago. Uso mi tarjeta para emitir el pago. Al final la máquina automáticamente me imprime el recibo de la compra y gentilmente me recomienda regresar al comercio.

Mas adelante durante el día entro a un estacionamiento. Me detengo frente al brazo mecánico para que una voz femenina procedente de una máquina me indique que presione el botón rojo para obtener mi boleto. Obedezco la voz y casi simultaneo el boleto sale y el brazo se levanta automáticamente.

Al salir del estacionamiento, paso por una máquina que me cobra automáticamente por el tiempo que permanecí en el lugar.
Al llegar a mi casa, presiono el botón del carro que hace que la puerta del garaje se abra automáticamente.

Acostumbrados a tanta automatización, sería bueno que existiera un mecanismo automático que besara a los hijos al llegar a casa. Que escuchara todo lo que la esposa tiene que decir en las tardes cuando cansado llegamos de trabajar. Que llamara por teléfono a la madre y le digera que estamos bien y que pensamos en ella. Que le contara a los amigos que nos está yendo muy bien en el trabajo y que le repitiera a Dios la misma oración que automáticamente le oro todas las noches.

Quizás para ésto último ya he encontrado el método automático.
Mateo 6: 7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque
vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Solo un poco de cinismo para decirte que las cosas importantes de la vida te necesitan a ti. Tu no eres reemplazable para tus hijos, tu oído es necesario para tu esposa, tu cariño hace feliz a tus padres, tu tiempo alimenta la sana amistad. Por último, tu necesitas comunicarte con Dios. No automatices tu oración, el creador quiere una relación personal y sincera contigo.

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