¿Porqué No Permitir que los Homosexuales se Unan?


Recientemente México se unió a otros tantos lugares que permiten legalmente las uniones de parejas del mismo sexo. Permítanme emitir mi opinión al respecto. Reconozco que pronunciarce acerca de este asunto podría levantar muchas pasiones, sin embargo entiendo que la expresión es un derecho inalienable. Así que aquí vamos.


¿Debe la ley civil permitir que los homosexuales se unan en vínculos legales?

A esta interrogante las autoridades mexicanas así como los legisladores argentinos, de los estados de Connecticut, Iowa, Massachusetts, New Hampshire y Vermont (de la unión Americana) han contestado afirmativamente.

Pero, ¿Cual sería la respuesta de un Cristiano como yo a esa polémica pregunta?
Mi respuesta es: ¿Porqué No permitirles que se unan?

La sociedad civil responde a los tiempos. Hace dos décadas muy pocos se atrevían a argumentar a favor de este asunto. Ya sea por temor a represalias de los grupos religiosos, o por no ser considerados ellos mismos como homosexuales. Sin embargo, el pasar de los tiempos ha ido redefiniendo los conceptos. Así el que opina en contra de las bodas homosexuales hoy dia es un extremista, de ultra-derecha, fanático religioso. Mientras el que defiende los derechos de los homosexuales es una persona balanceada, de mente abierta, justo.

Los homosexuales son ciudadanos, por lo tanto los cobijan los mismos derechos que a los heterosexuales. Como nosotros, tienen derecho a la felicidad, y a la búsqueda de esta usando los medios que entiendan propicios, siempre y cuando no violenten los derechos de los otros ciudadanos. Una sociedad civil tiene el deber de proteger a sus ciudadanos y de legislar en favor de estos. Si dicha sociedad esta compuesta en su mayoría por personas que piensan afirmativamente en respuesta a si los “gays” deben unirse civilmente, entonces las legislaciones deben ser a favor de este asunto. Eso se conoce en la Antigua Grecia como demo-cracia.

Habiendo desarrollado el punto de vista legal, permítanme valerme de otros elementos para evaluar la misma situación. Noten que en los párrafos anteriores no se utilizó en ningún momento la palabra matrimonio. Les explico porqué:

Aunque la palabra matrimonio etimológicamente nos llega desde el latín, ésta define una unión que existía mucho antes de que el propio idioma latín existiera. Define la unión de dos seres humanos con el fin de ser uno. Tiene el propósito de simplificar la dualidad humana con el fin de completar la obra de la naturaleza. Esto es, Fundir dos seres vivos para hacer uno.

El matrimonio tiene una implicación integral. Es la unión de dos seres humanos cada uno compuesto de una parte física y otra parte inmaterial que llamamos mente o espíritu.
Físicamnente hablando, al contraer matrimonio, la pareja se une sexualmente. El sexo como necesidad biológica manteniene a la pareja unidos. El cónyuge se convierte en el suplidor exclusivo para esa necesidad.

En la parte espiritual, está claro que la sexualidad establece vínculos que van más allá de la mera necesidad biológica y que están más relacionados con el querer ser uno con su compañero (a). Es la necesidad inherente de darse por amor.

Hasta aquíí tanto los homosexuales como los heterosexales estamos de acuerdo. Sin embargo, tenemos que recordar que somos parte de una naturalesa. Que convivimos en nuestro entorno en un constante intercambio con nuestro medio ambiente. Como criaturas somos llamados a mantener nuestro legado natural. El sexo garantiza nuestra más loable aportación a ese legado natural por medio de la procreación.

Aunque sea de mente abierta, tengo que aceptar que el homosexualismo en su esencia atenta contra ese legado natural. Aunque en sí hay un mínimo riesgo de que la humanidad desaparezca por las uniones de los homosexuales, si pensamos científicamente no tardaríamos en concluir que la práctica homosexual es biológivamente anti-natural. El homosexualismo es una variación forzada del balance biológico.

El diseño original de los seres humanos, ya sea que creamos en evolución o en creación, promueve la relación heterosexual. Somos diseñados como complementos, el hombre de la mujer y viceversa. Aun la estructura sexual humana, referente a la concavidad y convexidad de los órganos sexuales nos argumenta a favor de que la práctica homosexual es una torcedura del estado natural de las cosas.

Quiero que entiendas que no soy, ni seré jamas homofóvico o anti-lésvico. Por cerca de siete años viví como vecino de una pareja homosexual. Ellos, ambos eran nuestros amigos, comian en nuestra casa, compartiamos constantemente con ellos. El principio de la paz es el respeto a los demás. Aquellas personas que escogen el homosexualismo como su preferencia sexual tienen mi respeto. Yo no tengo inherencia ni derecho sobre su habitación o su cama. Tampoco la tienen los legisladores, el congreso o las leyes.

Pero, siendo que soy representante de Cristo, mi norma de vida no es la sociedad civil. Jesús estableció claramente la separación entre lo civil y lo espiritual en Marcos 12:16. Siendo interrogado acerca del pago de impuestos a Roma Cristo preguntó:
¿De quién es ésta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César,
Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

No tengo dominio sobre la sociedad civil, otro que no sea mi influencia como cuidadano y mi estampa en las urnas. Mas allá de eso reconozco que lo civil es de la sociedad civil y lo espiritual es de Dios. El carácter de las leyes van a tono con el carácter de la población donde tienen jurisdicción. Por eso mi respuesta de ¿porque no permitirles que se unan?. No me sorprende que nuestras leyes y aun las constituciones sean adaptadas para defender la opinión general. Creo que no podremos detener la revolución social que estamos viendo.

De la misma forma que entiendo que no tengo poder individual para cambiar las leyes de los paises o hacer que la población piense de forma diferente, tenemos todos que entender que no tenemos ninguna jurisdicción sobre lo que ya Dios ha dicho referente a la homosexualidad. Entiende primeramente que es la palabra de Dios la que llama tiernamente al homosexual a acercarse a un Dios que ama, perdona y limpia. Amar al pecador mientras aborrece el pecado es la paradoja del tierno amor de Dios.

No se puede llamar matrimonio a una unión homosexual. Dios es el creador del matrimonio. Esa palabra posee su derecho de autor. No se puede llamar matrimonio a otra cosa que no esté dentro del plan original de Dios. Su plan establece en Génesis que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer. La naturaleza, que nos habla sobre su diseñador, avala con argumentos científicos el diseño original, esto lo vimos previamente.

Amar al pecador en su condición es la especialidad de Dios. La homosexualidad no está en la genética del ser humano . Está profundamente arraigada en la mente de los que la practican. Ya sea por libre decisión, por frustración o por haber sido introducido en ese mundo. Dios promete hacer un cambio en la mente del ser humano. No hablamos de forzar a la gente a renunciar a sus preferencias, hablamos de un cambio de preferencias. (1 Corintios 2:16). Dios aunque no convive con la homosexualidad, ama al homosexual y le ofrece una nueva vida sublimando su mente con la mente de Cristo.

Que las leyes civiles permitan las uniones homosexuals no debe agitarnos. Las legisladores responden a sus ciudadanos. Aquí cabe la pregunta ¿De quien es la imagen en la moneda de tu país? Sin embargo, sabemos que no está en manos del congreso definir la moral. Las bases morales de la humanidad tienen la imagen de Dios y están claramente definidas en su palabra. Y su palabra no está sujeta a la opinión pública o las preciones de cavilderos.
Dejo abierta la invitación para todo aquel que necesite poder de Dios para cambiar su vida. Se puede ser libre en Cristo.

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