Mi hijo de Cinco Años y Sus Preguntitas Difíciles

Como recurso juvenil, me han hecho toda clase de preguntas difíciles. Ocasionalmente me gusta reunirme con adolescentes y jóvenes para lo que llamamos una “Sección de Preguntas y Respuestas”. En este escenario he escuchado de todo, desde preguntas sonrojantes hasta ingenuidades. Los temas son tan variados que abarcan desde la procedencia de la esposa de Adán, hasta la existencia de extraterrestres.
Los jóvenes en formación tienden a ser creativos y curiosos, por lo tanto, sus interrogantes poseen las mismas características. Sin embargo, en tantos años de interacción con esta población de locas hormonas nunca ha habido una pregunta que me haya hecho reflexionar, patinar, intentar arrancar y finalmente detenerme a analizarla, como sucedió un domingo en la tarde mientras paseaba con mi familia.
Mi hijo de cinco años mantenía su interminable sección de “porqués”. Me preguntaba, le contestaba mirándolo intermitentemente a través del espejo retrovisor del vehículo. Fue cuando lanzó su cándida pregunta.
¿Papi, cuando yo sea grande como tu, estaré viviendo aquí donde vivimos?
Se que piensas que un “no se” pudiera haber sido una excelente respuesta pero, en ese momento veía pasar por mi mente mi propia vida. Los recuerdos ocuparon de tal manera mis vías neuronales, que no pude articular la sencilla respuesta.
¿Cuál hubiera sido la respuesta de mi Mama si a la edad de mi hijo yo hubiera formulado la misma pregunta?
La respuesta correcta debía ser: Bueno hijo, resulta que seguirás viviendo en este país hasta que a la edad de “X” años te mudes a ese otro. Regresarás de cuando en ves a tu tierra natal pero el tiempo irá clavando tus pies en otro territorio. Crecerás y estudiarás en un lugar remoto al cual te mudarás para no volver. Tendrás un matrimonio en tus manos que te dará hijos, razón por la cual tomarás la complicada decisión de establecerte en un pequeño pueblo, lejos de todos los lugares donde has vivido antes. Finalmente las circunstancias te llevarán aun más lejos del pequeño pueblo, lejos de tus raíces, lejos de los clavos en los pies. Allí tu hijo te inquietará con la misma pregunta que me haces y recordarás de donde has venido.
Mi pequeño me hizo reflexionar sobre el camino, sobre el andar del ser humano. Somos veletas con ruedas, madera en el mar. Tan vulnerables que no podemos asegurar sobre que terreno estarán nuestros pies el próximo día. No sabemos si quiera si nuestros pies serán nuestros pies.
Hijo, dije dirigiéndome a él. No sé donde estarás cuando seas grande, solo se que estarás bien si permites que Jesús guíe tu caminar.
Puedes preguntarme, ¿Cómo estas tan seguro?  Bueno pues, porque lo ha hecho conmigo..

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...