Christian Kicking Club

Hace unos días fui a recoger a mi hijo a la escuela. Llegué al vestíbulo de la institución y pregunté por el a la dulce recepcionista. Le indiqué que lo recogería más temprano que lo acostumbrado. Me preguntó por el nombre del muchacho. Le dije el nombre. Así que usando un sistema de alta voz, lo llamó y me dijo que no me había reconocido de primera instancia, “no hay problema” le dije.



Mientras esperaba por mi pequeño , noté que un niño lloraba disimuladamente al lado de la recepcionista. Miré su cara y ví que sangraba levemente en la falda superior de su nariz,  justo debajo de su ojo derecho. Me procupó la situación, primero por la situación misma y segundo por el evento que pudo haber causado tal laceración. Mi hijo está en esa escuela, creo que cualquier padre demandaría una explicación.
El niño lloraba con una mezcla de dolor y vergüenza, mientras yo aplacaba mis deseos de indagar en la situación. Así que decidí callar. Segundos después, un joven treintañero llegaba a la escena. Como yo, rápidamente notó las lágrimas del niño, que ya para ese entonces rosaceaban la sangre.
“Que le sucedió”, preguntó el joven a la recepcionista,
“Pues estaba peliando en el recreo”, contestó la muchacha
“Yo le he dicho muchas veces que no esté peliando”, dijo el treintañero con autoridad.
Yo contemplaba la escena, curioso por lo que estaba diciendo éste último. Por su tono autoritario, parecía que el individuo era profesor o instructor de la escuela.
“Si sigues peliando tendré que sacarte de mi clase”, concluyó.
Mientras regañaba a su alumno lo examiné con detalles. Ya para entonces había identificado su especialidad. Vestía uniforme blanco con una inscripción en frente que leia “Christian Kicking Club”.
Interesante! Leí su ropa varias veces, mientras intercalaba miradas a su cara.
Déjame aclararte algo, no estoy en contra de las artes marciales. Creo que benefician al ser humano en lo que al ejercicio se refiere. Simplemente me pareció curioso que el profesor “patea bien a tus compañeros”, se encontrara en la incomoda situación de decirle a uno de sus alumnos deja de “peliar” porque si lo sigues haciendo no podrás “peliar” en mi clase; todo eso frente a un padre que veía curioso el desarrollo de la escena. Creo que mi presencia lo presionó un poco.
Aunque creo que este no es necesariamente el caso, mientras volvía a leer la camisa del instructor, pensé en la doble moral. Jesús abordó éste tema en Mateo 23:24.


24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!


La hipocresía es tan humana como la respiración, pero eso no la excusa. Esta costumbre es común al ser humano que se mueve en manada, que piensa en grupo. Normalmente nuestras opiniones dependen de la presión que ejerza la bandada. Opinamos de una manera junto a ellos, opinamos diferentes cuando nuestras convicciones son puestas a prueba.
Jesús da la solución al problema de la doble cara. El dice pon tu mirada en las cosas de arriba. Esas que no dependen de la temperatura , que no se mojan cuando llueve y no se tuercen cuando un leve viento las azota. El maestro de la no violencia nos enseña que buscando esas cosas encontraremos la paz anhelada y claro, una conclusión convincente a todas las demás cosas que nos preocupan.
El camello es mayor que el mosquito. Muchas veces somos tan tontos que no nos damos cuenta de esa proporción. Te invito a que notemos los camello y los mosquitos tambien. ¿Cómo se hace eso?. El colador es el Espíritu Santo. No es tu hermano, no es tu pastor, no soy yo. Es el Consolador. El pondrá el carácter de Jesús en tu corazón y escribirá sus leyes en tu mente, de modo que la gente lea su inscripción y no la nuestra que de seguro lee “I’m a Christian, but I can kick you”.

1 comentario:

Zaian E. López Ramos dijo...

No pude dejar de reir mientras leia esto. Creo que todos nos contradecimos continuamente sin siquiera sospecharlo. Saludos. Los quiero.

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