La Desgracia del Peaje

Uno de estos días mientras me dirigía hacia mi trabajo, me encontré como de costumbre con el letrero que día tras día me saludaba diciendome, “ Deposite Peaje Adelante”, el cual hacía emerger mis instintos mas altruistas, pues me hacía depositar dinero en un canasto sin que nadie me lo exigiera y sin ninguna protesta.

El aviso indicaba la cercanía de la estación de cobro de la autopista, así que comencé a violar la paz de las monedas que reposaban en el deposito que mi automóbil provee. Rebusqué entre ellas para encontrar la cantidad exacta.

Conseguí las monedas y manejé confiado hacia la estación. Casi llegando frente a la canasta, por confiar demasiado en mis dedos, dos de las tres monedas cayeron en el abismo que divide el asiento y la consola central del carro (donde esta el freno de emergencia).

Ahora mírame!, frente a la canasta del peaje, con solo una moneda en las manos, necesitando dos!. Busque desesperadamente introduciendo mis dedos mas delgados en el profundo abismo. Pero mientras más delgados mis dedos más cortos, así que no podía alcanzar las monedas. Mientras tanto la mano inquieta del conductor de atrás se levantaba en cámara lenta para golpear el botón de la bocina de su carro.

Estaba desesperado, no maldije porque no era mi costumbre, pero no puedo pensar en otra ocasión mas propicia. Busqué en las gavetas del auto para ver si encontraba otra moneda y la encontré. Ahora solo me faltaba una. Seguí buscando. Las gotas de sudor descendían de mi frente y caían llegando donde mis manos no podían. Hice un último esfuerzo que coincidió con el último bocinazo del conductor trasero y agarré el borde de la moneda entre la uña y la yema de dos de mis dedos.

Deposité el dinero, sequé el sudor de mi frente y continué mi camino, pensando en el mal rato y la perdida de tiempo que la insignificante cantidad me habían regalado.

Llegue a mi trabajo y olvidé el incidente.

Unas semanas después cuando de nuevo me dirigía hacia mi trabajo, me encontré con el acostumbrado letrero que me invitaba a depositar unas monedas. Cuan terrible fueron mis conclusiones cuando descubrí que faltaban unos veinticinco centavos para poder acceder el otro lado de la carretera. Me estacioné en el borde de la autopista y comencé la caza. Les confieso que me puse muy nervioso. La situación se puso mas tenue a medida que se agotaban los lugares donde buscar. Desahucié mis bolsillos, viré y agité mi cartera, busqué en la gaveta del carro y nada, solo papeles, tarjetas, cassettes y una gran frustración.

No quería llegar tarde a mi trabajo; había salido muy deprisa para poder llegar temprano, por tal razón había olvidado recoger unas monedas y dinero para el almuerzo.

Habían pasado ocho largas vueltas en el secundero de mi reloj. Fue un periodo de intenso trabajo para mis neuronas y terribles reproches para mi ego. No podía virar, no podía avanzar, la única manera de salir del embudo vial era consiguiendo el dinero necesario. De repente recordé aquel incidente que tanto tu deseabas que recordara, la moneda perdida. Aquella terrible moneda que me había dañado el día, hacia unos días. Di la vuelta, abrí la puerta trasera de mi vehículo y busqué debajo de los asientos con la emoción de un mozalbete que busca sus "Reyes" entre las cajas y envolturas de regalo. Metí mis dedos emancipados debajo de los asientos, y ahí estaba ella, la doncella plateada que cambiaría mi situación de estacionado a transeúnte.

Pequeñas cosas en la vida me han dado grandes lecciones. ¿Cual es la desgracia que casi te hace maldecir?,


Dios permite que pasemos por noches oscuras para que podamos apreciar la majestad del amanecer. Comprende que sobrellevar una prueba no te hace ganar el cielo. En Cristo, ya lo tienes ganado!. Sin embargo la prueba te ayuda a vencer tus temores, debilidades, egoísmos y autodependencia. Tiene mas que ver con la tierra que con el cielo. Te muestra que Dios tiene el control y no tu. Si no entiendes porqué estás pasando por lo que estas pasando, de seguro dentro de un tiempo estarás buscando recursos y los encontrarás en donde antes viviste una desgracia.

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