Sueño Entre Ruedas


Cierto día mientras conducía mi automóvil por la autopista, pasaba revista sobre todos los achaques que tenía mi carro. Arreglarle esto, repararle lo otro, ponerle tal o cual pieza y como no lavarlo, para cambiar la impresión de que pasaba varios ríos cada mañana antes de llegar a mi destino.
Realmente mi carro me gusta mucho pero, uno más nuevo no estaría mal. Mientras tramaba el persuasivo plan que utilizaría para convencer a mi esposa de que necesitaba un nuevo “cesarmovil”, me percaté por el espejo retrovisor de que la “Gioconda” en cuatro ruedas, en unos segundos y por solo unos segundos me pasaría por el lado izquierdo. Era un carro hermoso de color blanco, espacioso y elegante. "De seguro sus asientos son en cuero, el panel tendrá detalles en madera y el acondicionador de aire contará con un ajuste de temperatura para los grados deseados", pensé.
Si hace unos instantes pensaba que debía cambiar mi carro, imagínate después de ver el “Taj Mahal” con ruedas coqueteandome suavemente durante un largo segundo.
Mientras miraba aquel carro alejarse en el horizonte, vi otro auto acercándose por el mismo lado; este no era tan atractivo, estaba bien ventilado por el óxido y no se podía determinar cual había sido el ultimo color de pintura aplicado. Lo miré completo por el retrovisor, nunca llego a pasarme por el lado. El conductor lo conducía lentamente, creo que a la máxima potencia. Miré al conductor y me di cuenta que estaba mirando fijamente mi carro, miré a su cara y descubrí que era yo mismo montado en aquel montón de metal corrompido por el salitre.
Desperté de la visión dándome cuenta que lo del auto oxidado no había sucedido en realidad, todo había ocurrido en mi mente. Al regresar a mi realidad, continuaba manejando mi carro pero con una nueva perspectiva. Descubrí que era privilegiado al poseer el vehículo que conducía. Vi al carro elegante desaparecer en la carretera y pensé en la cantidad de personas que desearían tener el privilegio que Dios me ha dado de manejar cómodamente un auto como el mío.
Piensa en lo que tienes y agradece a Dios por habértelo dado. Ese es el principio de la felicidad. Un día te darás cuenta que aun la vida es un regalo del creador y sustentador del universo, ese día darás gracias por Jesús. Ese es el principio de la eterna felicidad.

5 comentarios:

Zaian E. López Ramos dijo...

Quiero decir que me encantó este escrito,parece como si estuviera leyendo un poema. Pero como no puedo quedarme sin hacer la maldad, quiero saber cuantas veces usas el botón de sinónimos de word. (Gabby, ya te creo.) jajaja. DTB.

Cesar Tavarez dijo...

Y dale a ustedes con lo de los sinonimos. Tengo que decirles que la computadora que uso no tiene el diccionario en Español. Que muchachitos estos!!!

Anabelle Ventura dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anabelle Ventura dijo...

jajajjaa Que graciosa es Zaian. A mi de igual forma me encantó el escrito. Comprendi lo mucho que nos quejamos, en vez de ponernos a pensar en lo que poseemos.

Cesar, me sorprende la capacidad que para redactar de esta forma....

Anónimo dijo...

"Cesar, me sorprende la capacidad que para redactar de esta forma..."

Anabel, verdad que engana? Quien lo ve. Jajaja
Cesar es broma. Nori

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