"Una joven que no era mi prima pero, no tendría ninguna objeción en incluirla en la familia": Mi Testimonio

El Lado Azul: Mi Testimonio

Había llegado temprano al templo de Rio Piedras, quería sentir el apoyo de los pocos amigos que se sentían contentos por mi loca decisión de dejar lo que hasta entonces fue mi vida lejos de Cristo, de espaldas a la fe. Era el 7 de Septiembre de 1990. El Pastor Cesar García, al concluir los estudios, me había indicado su intención de que participara en el Bautismo que oficiaría el Pastor Morales.

Llegado el momento, fui vestido con una bata blanca. Vi a los miembros de la iglesia recibirme con sonrisas mientras, uno a uno aceptaba los votos prebautismales. Luego caminé hasta la pila bautismal, esperé por unos minutos que otros fueran depositados, hasta que llegó mi turno de entrar en las aguas.

El Pastor Morales gentilmente me dio la bienvenida. Los ya hermanos de la iglesia, con sus manos levantadas hicieron lo propio. No son pocos los amigos, pensé!. Luego el mismo pastor me pidió que contara mi testimonio a la congregación.

A los 16 años, mojado hasta la cintura y con una advertencia de no tocar el micrófono para evitar la electrocución, no resulta fácil articular las palabras pero, el Dios que recién conocía lo ordenó, así que comencé: La primera vez que escuché de la Iglesia Adventista fue en Laguna Prieta, un campo de Santiago, República Dominicana. La pequeña Iglesia de Orión estaba formada en su mayoría por primos maternos; fueron ellos los que me hablaron del mensaje. Visité la iglesia y algunas reuniones no necesariamente porque me interesaba el mensaje. En la congregación había una joven que no era mi prima pero, no tendría ninguna objeción en incluirla en la familia.

Para entonces ya vivía en Puerto Rico y viajaba con regularidad a mi país durante los periodos de receso escolar. Cada verano tomaba algún tiempo para ir a las campañas de “enrramadas”, con el propósito natural de ver a la joven antes mencionada. La verdad es que ya para entonces disfrutaba tanto de los cánticos y los temas que se presentaban, que dejé de mirar a la amiga potencial y comencé a conocer quien conquistaría mi corazón.

El verano de 1990, como acostumbraba, viaje a República Dominicana. En la pequeña iglesia de Orión se estaba llevando a cabo una semana de énfasis espiritual. Recuerdo como ahora el tema de esa noche “La ley Dominical”. Al escuchar noticias nuevas sobre como Dios había predicho los acontecimientos cientos y miles de años antes de que sucedieran, causó en mi una impresión de efervescencia y nueva esperanza. Jamás pensé que el Dios que hasta entonces conocía distante y lejano, indiferente a mis necesidades, estaba tan involucrado con la historia del mundo.

Las subsiguientes semanas comencé a sentir cosas extrañas, hasta cierto punto incomodas. Visité algunas fiestas con el fin de divertirme antes que llegara el momento de regresar a Puerto Rico. Pero, era extraño, aunque quisiera no podía dejar de pensar en las nuevas ideas. Intenté disfrutar de la fiesta, bailar al menos una pieza pero no podía. Algo hacía que me sintiera incomodo en los lugares donde antes disfrutaba.

Era una sensación de descontrol. Sentía que estaba cambiando, que era otro. Les confieso que al principio no podía entenderlo, menos disfrutarlo. Una noche, poco antes de mi regreso, soñé algo que sería el primer mensaje directo del Espíritu Santo. Desde que conocí el mensaje El había estado hablándome, había estado cambiándome, pero yo no lo conocía, no sabia de su obra, así que no entendía lo que en mi ocurría.

En el sueño vi un cuarto pequeño. Era una especie de sala de espera, similar a aquellas salas en las que se espera abordar un avión en los aeropuertos. Al principio no se me indicó el destino del viaje. La sala era rectangular no muy ancha. Yo estaba sentado sobre unos largos bancos, de un lado cuyas paredes estaban pintadas de gris. Frente a mí había un grupo de personas sentadas sobre otro banco. Las paredes de ese lado estaban pintadas de azul cielo. Créanme recuerdo el color porque se impregnó en mi como una fotografía. Al ver los rostros de las personas sentadas frente a mi, noté que los conocía, eran los miembros de la iglesia de Orión. Ví mis primos y primas. Recuerdo el sueño tan vívidamente que podría decirles los nombres de las personas que ví.

Luego de verlos sentí soledad. Noté que estaba solo sentado en mi lado, mientras el lado azul estaba repleto de persona. Ante mi angustia pregunté a alguien ¿porque están ellos sentados de ese lado mientras yo estoy solo en mi asiento?. Esta es la parte del sueño que no recuerdo. No se a quien le pregunté, no se quien me contestó, no recuerdo su rostro ni su timbre de voz, solo recuerdo su respuesta: Ellos están sentados ahí porque son los que están preparándose para el cielo!

Los de ese lado irán al cielo, que noticia!. Pero yo, no estaba sentado de ese lado. Eso es todo lo que recuerdo del sueño. Esa mañana desperté como quien había visto un Espíritu. Consternado, preocupado, sin hambre, nervioso. Ese mismo día fuí a la casa de mi tía en Laguna Prieta. Le pedí a mi prima que me escuchara y le relaté lo que ustedes acaban de escuchar. Con su ayuda, con oración y la dirección de Dios comprendí el mensaje que el Espíritu Santo recién me daba. Era el Jaque Mate al juego que comenzó a jugarse la primera vez que el consolador me habló en aquella campaña de "enrramada", cuando el grupo musical canto (parafraseando la canción como la recuerdo) “has buscado muchos caminos y en ninguno has encontrado felicidad, solo te falta el de mi Cristo”. Ese himno penetró en mi pensamiento y desestabilizó mi vida de pecado. En el mejor sentido de la frase “me daño la mente”. Desde ese día no fuí el mismo. Ahora comprendo que el Espíritu me convenció de mi pecado y me hizo sentir la necesidad de entregarme completamente a El.

Días después regresé a Puerto Rico. Busqué la iglesia adventista más cercana e hicé planes de visitarla el viernes por la noche (un letrero al frente indicaba de los horarios de culto). Recuerdo llegar a la iglesia y encontrarme con un joven. Se sorprendió cuando me escuchó decir: hola quiero bautizarme. El sonrió sorprendido, se idéntico como el Pastor Cesar García y me dijo que le diera mi dirección para visitarme y estudiar la Biblia juntos, a lo cual accedí. Poco a poco fui conociendo más sobre mi Salvador hasta que sentí la necesidad de darlo todo.

Es por eso que acepté la gentil proposición del Pastor García.. Es por eso que acepté contar mi testimonio a la iglesia. Es por eso que decidí sellar mi vida con Jesús en sus aguas purificadoras.

Había terminado de relatar mi testimonio. Sobreviví al frió de las aguas a la cintura, sobreviví al peligro del micrófono electrificado, ahora era tiempo de morir a mi antigua vida.

Fuí sepultado. Desperté a una nueva vida siendo felicitado por muchos. Aun recuerdo el himno de esa noche: "pon otro lugar en la mesa, escribe en el libro un nombre mas". Asi le dije a mi redentor: saca un vestido mas, otra corona brillará, mi alma te la he entregado, he decidido sentarme en el LADO AZUL.
Foto: Mi hermoso pueblo Santiago de los 30 Caballeros (Primer Santiago de América)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Dios es grande, cada día Lo confirmo con sus actos, con su amor y la forma en que llega a nosotros sobretodo cuando ve el potencial de sus hijos porque mira a que te ha usado, Cesar, para hablar de Dios en muchas partes. Un sueño te confirmo lo que habías estado sintiendo un sueño habrio el camino hacia Cristo. ~Hamlet~

cesar dijo...

En verdad que Dios es grande, fiel y verdadero, y siempre esta presente en todas nuestras necesidades, gracias a Dios por este paso tan importante que diste en tu vida, ahora quiero hacerte llegar un video de pon otro lugar en la mesa, en youtuve busca el canal CEAUVALH o en esta direccion

http://www.youtube.com/results?search_query=ceauvalh

cesar dijo...

PON OTRO LUGAR EN LA MESA

En youtube.com

http://www.youtube.com/watch?v=bRCqYkvKHjQ

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