La Prostituta, el Redneck, y el Inmigrante: Parte II

Luego de mi encuentro con los hermanos inmigrantes, continuamos nuestra caminata misionera por el lugar, que como dije en la primera parte, era un área habitada en su mayoría por mexicanos y centroamericanos.

Tocamos puertas y hablamos con aquellos que no ignoraron nuestro llamado. Mientras mariposeabamos por los apartamentos, vi un caballero que descansaba plásidamente frente a su motocicleta (no recuerdo la marca, pero podría bien ser una Harley). Era raro ver la escena. Un hombre de aproximadamente 56 años, de piel blanca como la harina de trigo, sentado frente a un apartamento del “inmigration hill” (el nombre es mio).

Llegamos frente al apartamento del motociclista y le pregunte, “Do you speak spanish”. What!!, apunta otra a mi cuenta!!!. Ese día aparentemente mis neuronas también guardaban el dia de reposo.

Why should I speak Spanish, I’m in America!, contesto en su perfecto ingles sureño.

Sentí como se encendía el horno en mi cara!. Y se calentó aun mas cuando agregó, I was born in America, I speak English!!.

He aprendido que el respeto no es un regalo, se gana con el sudor y el esfuerzo! Había sido advertido por mi nueva amiga Teresa, sobre las clásicas actitudes sureñas, y como debía enfrentarlas. Así que recordé la lección primera y respondí:

I am American too, I was born in Dominican Republic that is part of the American continent. And I speak both languages!!

Who are you!, me dijo.

Le explique lo que hacíamos en aquel lugar y continuó:

How did you get here?

Con la misma actitud que el mantenía le respondí. Le dije mi profesión y que había sido traído por una compañía “americana” para trabajar en este lugar. Luego que le respondiera a su última pregunta, comenzó a interrogarme en torno a mis creencias religiosas!

Do you believe in Jesus?,
Yes we do!, dije cortante
Do you believe in the Father?, agregó, y ya entendí cual era su percepción, así que me adelanté y le dije
We believe in the Holy Spirit, and in the trinity, as well!!
In the holy trinity?, preguntó incisivo.
In the Holy Trinity, respondí confirmante.

Luego del ping pong lingüístico, le pregunté sobre la motocicleta, sobre su edad, que resultó ser 78. Hubiera querido retratar su cara cuando le dije que pensaba que tenia 56! Comencé a tratarlo con confianza y hasta en un tono jocoso. Milagrosamente la conversación cambió de matiz. El “red” se tornó “green-been”, y comenzó a mostrar su ternura. Luego de un tiempo de interlocusión, y para mi sorpresa, me invitó a entrar en su apartamento y a tomar asiento. Maniobré entre las cosas que estaban fuera de su sitio en el piso y me senté. Se excusó más de siete veces por el reguero de su apartamento, yo contesté “no problem!”.

Me habló de sus hijos (todos vivían a miles de millas), de sus nietos (que ve una vez al año), de sus cuadros de indios, de su abuela Cherokee, de su colección de camionetas miniatura, de lo que Jesús hizo al quitarle el deseo de fumar hace más de cuarenta años.

Le hable de nuestro ministerio Jesús y Nada Mas, de mi familia, de lo que Jesús ha hecho en mi corazón.

En fin, el tosco hombre, brusco y agresivo, digno de ser llamado “Redneck”, se transformó en un dulce y tierno abuelito que mostraba su soledad a un perfecto extraño, que noto su necesidad de conversación. y así vive, contándole sus recuerdos al viento, descontando la vida día a día sin que nadie lo escuche, pues sus vecinos reusan hablarle (pues no entienden su idioma), y su familia yace lejana en sus casas de clase media, en algún lugar del estado de Michigan.

Descubrí que su arrogancia es su protección. Al hablarle con firmeza, le demostré que los inmigrantes estamos a su altura, que somos tan respetables como él, por lo tanto, me dió su respeto. Escuché atentamente sus palabras e hice comentarios relacionados, eso le demostró que me interesaba por su situación, así que me dió acceso a la intimidad de su humilde casa. Y por algunos minutos reemplace al viento.

La vida los hace rígidos y secos. Pero la solidez se sublima, cuando alguien muestra interés en sus vidas, en su condición, en su estado. Ningún corazón, por mas endurecido que esté, se puede resistir ante la atracción natural del método de Cristo. Este método consiste, como me enseño la experiencia con el inmigrante, dos calles mas abajo, en suplir primero la necesidad de los seres humanos.

Mi hermano estadounidense necesitaba alguien que lo escuchara, que le dijera que estaba joven para 78; que se encantara con sus “Agueybanas” y “Guacanagarix”, versión norteña; que tomara sus réplicas de Ford y apreciara que son sólidas y tienen buen peso; que oyera su idea de colgar una canoa en el centro de la pared, y de adornarla con dos viejas cañas de pescar, y dijera: I think is a good idea!

Hubiera querido quedarme toda la tarde con él pero, regresaron a buscarme los que caminaban conmigo, aquellos que hasta entonces había olvidado. El dijo, como lo diría el niño que paso la mejor de las tardes con su vecinito, Come back whenever you want!

May I prey with you?, le dije en mi ingles cibaeño,

Yes sure, contestó.

Oré por él, por sus hijos y nietos, por su soledad, para que Dios se le revelara!
Les diré que al terminar la oración nos abrazamos por mas de 10 segundos.

Muy diferentes en etnia, nacionalidad, lenguaje y costumbres, pero iguales en Cristo.

¿La prostituta?, te diré sobre ella en la Parte III.

3 comentarios:

Anabelle Ventura dijo...

Ya estoy ansiosa por leer el de la prostituta...

Zaian E. López Ramos dijo...

yo tambien!!!!

Ana dijo...

wow!
tus experiencias están brutales. quiero saber que pasó con la prostituta...

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