La Prostituta, el Redneck, y el Inmigrante

Eran cerca de las 3:30 de la tarde. Habíamos salido a caminar por un vecindario compuesto en su mayoría de inmigrantes mexicanos y centroamericanos. Un pequeño y viejo edificio de ladrillos con cuatro apartamentos nos daba una fría bienvenida. Sus puertas cerradas nos hicieron considerar acercarnos a tres hombres que colgaban de un árbol, al costado derecho del poco atractivo complejo de apartamentos.

“Hola, queremos hablarles sobre nuestra iglesia y de los programas futuros de la misma. Queremos invitarles a que nos acompañen cuando gusten, somos sus amigos, no están solos en este país, estamos para ayudarles”

Que ingenuo, “estamos para ayudarlos”. Creo que eso último fue mi peor error. Como le dices a un inmigrante que ves que cuelga como murciélago sobre las ramas peladas de un árbol de no se que, que estas ahí para “ayudarlo”.

A mi insolencia, él respondió cándidamente: “necesito trabajo, me puedes ayudar.”

Claro que puedo conseguirte trabajo, cuando quieres empezar!!!

Eso hubiera querido decir, pero estoy recién llegado a este “cielo” de poca altura, y no conozco a nadie que le pueda satisfacer su necesidad.

Tragué la saliva que había en mi boca y le dije, veré lo que puedo hacer.

Han pasado algunos días después de ese incidente y aun no se que puedo hacer por mi amigo el inmigrante.

Hablando con esos hermanos de acento y madre tierra diferentes, descubrí que no se habla de Cristo a la ligera. Aun Jesús antes de hablar de salvación miro, examino, suplió las necesidades apremiantes de sus oyentes, y luego les hablo de sanidad interior. Repartió pan, enderezó piernas, soltó lenguas, abrió retinas, enseñó a amar, finalmente dijo sígueme.

Juan 5:6 nos presenta el estilo de Jesús. Nuestra manera es vender un producto llamado iglesia, y luego si el bautizado quiere, con su perseverancia y nuestras criticas, lograremos santificarlo. Si no aguanta nuestras “sugerencias” y se marcha, algunos osados declararían: “es que no estaba predestinado para salvación”. Realmente no estaba predestinado para encontrar el acusador sentado en la silla del discípulo.

Mostrarle a Cristo al pecador es nuestra parte del trabajo, y eso implica ser solidario, ser amigo y buen vecino. Entender que un estomago vació no sintoniza la salvación, una mente deprimida no entiende de liturgias, un cuerpo herido necesita un hospital no un fotógrafo que exponga sus llagas.

Perdonar mediante la imputación de su justicia, santificar mediante la impartición de la misma, y finalmente glorificar, es un trabajo Santo (nota la letra mayúscula). No es nuestro trabajo.

Ese día vi como el rostro de la desolación y la desesperanza se agrava ante la ignorancia de un religioso. De paso, Jesús no necesita religiosos, el quiere amigos (Juan 15:15), y la única manera en la que amistan los seres pensantes, es pasando tiempo juntos.

El Salvador ve las necesidades y las suple, se hace amigo del pecador, y entonces le dice sígueme. Yo dije sígueme, y veré si puedo suplir tus necesidades.

Se que te preguntarás ¿Que de la Prostituta y el Redneck?

En la próxima entrega te cuento.

1 comentario:

Zaian E. López Ramos dijo...

Creo que debes estar de acuerdo conmigo que cuando uno se lanza a la calle pretendiendo llevar a Cristo es uno el que lo encuentra. Somos nosotros los que aprendemos mas. ¿Por que será?

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