Alguien te está mirando


Hace algunos meses uno de mis tíos murió de un derrame cerebral. En la espera en el hospital vimos muchas cosas. Por ser el hospital del estado allí se encontraba de todo. Recuerdo que se me acercó un señor pidiendo dinero para poder llevar a su esposa hasta su casa. Me explicó que la habían dado de alta dos días atrás y que no podían pagar una ambulancia, pero habían conseguido un taxi para llevarla y no tenían el dinero completo. Abrí mi cartera y saque dos dólares consciente de que luego me harían falta. Aun así se los di porque aquella cara de desesperación y de vergüenza me partía el alma. El señor se fue y más adelante llegaron mis tíos a decirme que el día anterior el señor hizo lo mismo. No dije nada pero me sonó lógico que lo hiciera porque según él, llevaba dos días tratando de llevarse a su esposa. Mi mamá es enfermera de sala de emergencia y en varias ocasiones me ha contado de personas, especialmente ancianos, que son dados de alta y pasan días en el hospital esperando que alguien los busque. Por eso pensé que podía estar diciendo la verdad y le di el dinero. Al fin y al cabo no me interesaba si era mentira lo que había dicho porque aquella cara demostraba una necesidad urgente y yo no me iba a quedar con eso por dentro. Si necesitaba el dinero para otra cosa, no lo sé, pero si sé que lo necesitaba.

Más tarde ese mismo día fui a comer en el merendero del hospital con mis tíos y mi novio. Cuando me senté vi a un señor rebuscando zafacón por zafacón. Sacaba huesos con pedazos de carne, una escena chocante. Demás está decir que se me quitó el hambre, no del asco sino de la pena. En ese momento desee tener un pedazo de pollo que darle, pero no como carne. Mi novio se levantó a buscar algo que no nos habían dado y yo me acerqué al señor. Le ofrecí un panecillo biscuit, que fue lo único que se me ocurrió que podría querer. El me miró aturdido. En los pocos segundos que duró la transacción y el intercambio de miradas pude ver mucho. Aquel hombre había perdido la razón hacía años. Cuando me habló de manera apenas entendible: “está bien, yo me lo como,” confirmé que estaba loco. Y es que hay que estar loco y desesperado para buscar comida así dentro de los zafacones del hospital más grande (y tristemente el más sucio) del estado. El señor tomó el panecillo y lo unió con las sobras recolectadas. Supe que no serviría de nada ofrecer comprarle comida, porque igual seguiría buscando dentro de los zafacones.

Cuando regresamos a la sala de espera una de mis tías se me acercó. Me dijo que su hijo, mi primo, estaba impresionado. Él le contó que yo le había dado dinero al primer señor y que después me levanté a darle el biscuit al otro hombre. Le dijo: “Mami, a la verdad que Zaian tiene un corazón de oro.” A diferencia mía, ellos estaban acostumbrados a ver personas así todos los días. En mi pueblo no es tan común encontrarse con ese tipo de situaciones.

Cuando estaba en la universidad, todos los días las mismas personas se paraban a pedir frente a los portones y los semáforos. De lejos se notaba que lo querían para comprar drogas. Sin embargo, había días que tenían hambre. Siempre que podía les daba algo, cualquier menudo. Recuerdo perfectamente a uno de ellos. A veces pedía en la luz acabando de pasarse una dosis. Pero si entraba a un restaurante de comida le decía buen provecho a todo el que veía. Podía ser un adicto y aun así tenia la cortesía y el agradecimiento que nadie más expresaba.

Jamás pensé que ese día habría unos ojos escudriñando atentamente mi conducta. Tampoco pensé que aquellos detalles que para mi eran tan pequeños, para otro no lo fueran. Creo que ambos aprendimos algo esa tarde. Él, que es necesario demostrar sensibilidad ante las necesidades ajenas. Y yo, que donde menos te lo imaginas, alguien te está mirando.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Verdaderamente es cierto simpre tu acciones afectaran a los demas y le doy gracias a Dios por q me a contestado una gran peticion, y se que sere yo donde quiera y seguire los pies del Maestro,Jesus.Mi ejemplo es testimonio para todos los ojos que me ven...

Andres dijo...

Verdaderamente es cierto simpre tu acciones afectaran a los demas y le doy gracias a Dios por q me a contestado una gran peticion, y se que sere yo donde quiera y seguire los pies del Maestro,Jesus.Mi ejemplo es testimonio para todos los ojos que me ven...

Cesar Tavarez dijo...

Es complicado el tema. Frente a un drogadicto que te aborda para pedirte dinero, siempre viene el pensamiento ¿sera para droga que me pide?. Como lo llama Andrés el "Maestro", dijo algo difícil para nosotros pero lo dijo:
Mateo 5:42 "Al que te pida, dale"
Que El nos ayude a cumplir con eso.
Muy bien Zaian!!!
Cesar

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