Yo me parezco a David


David el rey, el príncipe, el guerrero, el soldado, el pastor, el músico, el poeta, el padre, el esposo, el hijo, el nieto, el anciano, el joven, el hombre, el niño, el hermano, el primo, el tío, el humano, el pecador, el hijo de Dios… Eso era, es y será David. Ni siquiera puedo recordar cuantas veces he leído su historia. De pequeña, estuve fascinada con sus aventuras, sus hazañas y sus logros. Siempre ha estado entre mis favoritos. Pero con el pasar de los años, las cosas cambian y comencé a ver a David de manera distinta porque lo estaba conociendo más.

David dejó de ser más que el muchachito que mató al gigante que te enseñan en historias para niños para convertirse en alguien más parecido a mí. Releyendo su historia con una mentalidad más madura descubrí que ese hombre tenía muchísimas fallas. (Él es una de las pocas personas que la Biblia describe con lujo de detalle.) Entonces noté a un David adultero, polígamo, asesino, ladrón, codicioso, entre otras cosas. Así que me pregunté porque se le mencionaba tanto a través de la Biblia como un ejemplo, como un hijo de Dios, incluso a Jesús se le llama el hijo de David. Y encontré la respuesta. David amaba a Dios y era celoso de Jehová. Siempre que caía se levantaba. Siempre estuvo dispuesto a reconocer sus errores y a aceptar las consecuencias.

Tuvo que ver a sus hijos destruirse los unos a los otros, por coraje, por venganza y por sed de poder. También tuvo que vivir la muerte de un recién nacido producto de una relación que tuvo con una mujer casada. Creo que ese fue el peor error que cometió en su vida. Como rey tenía a su disposición a la mujer que quisiera, pero puso sus ojos en la prohibida. Dejándose llevar por sus deseos, no le importó quebrar los mandamientos de Dios. Un error lo arrastró a otro y sin darse cuenta, en su desespero por ocultar su pecado, llenó sus manos con la sangre de un hombre fiel. Cuando creyó tener todo bajo control, Dios dijo: “Ya basta David. Este no eres tú.” Jehová envió al profeta Natán a hacer que cayera en tiempo acerca de su comportamiento. Esta es la mejor parte de la historia, donde David demostró su calidad. Natán le hizo ver su error, sabiendo que eso le podía costar la vida. ¿Quién va delante de un rey a decirle que está haciendo las cosas mal? Pero David era David y en el mismo instante que reconoció su pecado, cayó de rodillas, pidió perdón y fue perdonado.

David dejó que Dios tomara el control una vez más de su vida. Jehová enderezó sus caminos. Arregló lo que él había dañado. De ese matrimonio de origen escandaloso surgió una criatura que recordamos como uno de los mejores reyes que ha pasado por la faz de la Tierra, Salomón. Más allá de eso, David está en la genealogía de Jesús.

¿Qué tenía David de especial? Que era tan humano que sabía que no podía hacer las cosas por sí mismo. Dependía de la gracia de Dios. Salomón lo entendió muy bien y en múltiples ocasiones mientras oraba mencionaba el nombre de su padre: “Acuérdate de las misericordias para con David tu siervo.” 2 Crónicas 6:42. Yo se que Dios aun se emociona al escuchar el nombre de David. Salomón lo sabía mejor que nadie. ¿Por qué? Porque él era su hijo, lo amaba y lo extrañaba. ¡Cuánto más Dios que lo conoció desde mucho antes que él!

David es el perfecto ejemplo de cómo debemos ser. Cayó mil veces y se levantó mil y una. Siempre estuvo dispuesto a colocar sus errores en las manos de Dios para que el dispusiera de ellos. Pecó mucho y se le perdonó mucho. Por eso es que Dios lo amaba, lo ama y lo amará. Dios está loco por venir de una vez a buscarnos porque sabe que su amado David va a estar entre nosotros.

Solo me queda decir que todos cometemos errores. Queremos enderezar lo que torcimos sin pedir ayuda. Puede ser que intentando arreglar algo dañemos otra cosa como le pasó a David. Pero Jehová nos dice: “Si tu conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: ‘dame de beber’; tú le pedirías y el te daría del agua viva.” Juan 4:10. Nos dice: “Yo sanaré tu rebelión y te amaré de pura gracia, porque mi ira se apartó de ti.” Oseas 14:4. Dice Cristo que “ si algo pidieres en mi nombre, yo lo haré.” Juan 14:14. Y yo digo: “Gracias mi Dios por haberme permitido conocer a David y ver cuánto me parezco a él. Gracias mi Dios por haberme permitido conocer a Jesús y ver cuánto necesito de él.”

2 comentarios:

gabby dijo...

esa foto es de HIMAN o de David?
jajaja estava muy bueno, me gusto mucho, me trajo recuerdos de la infancia

Zaian E. López Ramos dijo...

preguntale a cesar de donde saco la foto.

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