El valor del diente de tiburón

Durante mi viaje de luna de miel visité la ciudad de Cancún en México. Un lugar muy lindo y lleno de personas muy calidas y amables.

Les quiero contar una situación que viví en un atractivo vacacional. Era un barco de estilo colonial que a su vez era restaurante. Bien, como turistas al fin, llegamos con tiempo de anticipación para evitar contratiempos.

En el embarcadero en el que esperábamos, sentados en un banco, mi esposo y yo pudimos ver desde lejos, y aproximándose, a un hombre de poco más o menos 70 años de edad. El mismo vendía collares con dientes de “tiburón”.

Mi esposo y yo nos miramos al mismo tiempo, con la misma expresión facial de compasión y rápidamente nos recordábamos mutuamente de lo innecesaria que era su mercancía para nosotros. Fue muy emotivo. Al parecer esa era la manera en que subsistía, es decir, era de escasos recursos.

El señor vestía de sombrero, guayabera y pantalones de vestir, tenis y llevaba espejuelos. Su piel era trigueña y su postura un poco encorvada. Su forma de expresarse era muy humilde y respetuosa. Se acercó hasta nosotros con una mirada muy dulce y nos hizo la gran pregunta: ¿Quieren un collar? Es de diente de tiburón. Mi esposo y yo nos miramos y lo único que interpretamos de nuestros gestos fue un ¡bendiiito! Pero mi esposo, muy apenado, le contestó: No, gracias. El caballero insistió, pero esta vez ofreció dos collares por el precio de uno. Mi presión arterial parecía acelerarse y mi pecho se comprimía cada vez más.

En esta ocasión la contestación fue la misma. Pero el tercer intento fue un gancho a nuestros corazones. Nos dijo: Si me compran será mi primera venta del día. Ahí si que mi cara se puso caliente de la ansiedad y mi esposo puso ojos de perrito triste. Está bien”, le contestamos. El señor se puso muy alegre y nos obsequio uno adicional. Pero esto no se acaba aquí. Nos pidió que por favor nos los probáramos para constatar lo lindo que luciría su trabajo en nosotros. Parecíamos mostradores de collares con más de un collar en el cuello.

Él nos agradeció efusivamente y aun cuando se alejaba de nosotros nos miraba como aquel artista que está orgulloso de su obra. Tan así, que cerró el puño y levantó el dedo pulgar en seña de aprobación. Ya han pasado casi dos años y la mercancía sigue siendo inservible para nosotros, mas la conservamos como recuerdo.

Se habrán dado cuenta de que no menciono costo o valor económico acerca del collar de diente de tiburón. No lo hago porque el valor no radicaba en el collar de diente de tiburón, que no es mucho. El verdadero valor lo tiene su dueño. La necesidad económica del individuo estaba por encima de lo que ofrecía. Es hay donde algo que es inservible cobra valor para mí.

Esta simple historia hizo que reflexionara en algo muy profundo. Jugando a la posición de Dios, me pregunté: Si un ser como este caballero y sus circunstancias pudieron conmoverme de esa forma, ¿cuánto más Dios se conmueve con nosotros? ¿Cómo es que Dios nos devuelve tanto de lo que necesitamos y aun más, si lo que le podemos ofrecer es inservible para él que lo puede todo? La realidad es que Nuestro Padre, sabiendo de nuestra escasez y de lo vano de nuestros sacrificios, envió a Jesús para darnos lo que necesitamos porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2Co 8:9) Dios no está detrás de la obra de tus manos o tu ingenio.

Dios está detrás de ti porque tú vales mucho para él, a valor de cruz. A pesar de las cosas inservibles que le podamos ofrecer, por más que seamos artistas orgullosos de nuestras obras, su amor se derrama sobre nosotros y nos paga con bendiciones. A diferencia de nosotros, Dios no se tarda tanto como nos tardamos nosotros en suplir la necesidad del caballero, sino que es pronto a nuestro llamado. Graba esto en tu mente: El no se acercó a ti por lo que tu le puedes ofrecer, sino por lo que él te puede ofrecer a ti. En fin, ¿cuál es el valor del diente de tiburón? Su dueño. ¿Cuál es el valor de tus obras? Tu.


Noraima Padua

3 comentarios:

Cesar B. Tavarez dijo...

Soy Militza, y quiero decirte queme encanto tu reflexion. Me encanto lo de "artistas orgullosos de nuestras obras" tienes mucha razon. Continua escribiendo, estare esperando el proximo!!! Que bueno! Que afortunados somos al ver la buena obra de Dios trabajando en nuestros mejores amigos.
Abrazos y besos TAM.

Nori dijo...

Lo digo y lo repito... Dios es bueno y mas. Mili, te amo

Zaian E. López Ramos dijo...

Nori, me gustó mucho tu historia. Es un ejemplo de como la gran mayoria de las veces Dios nos habla por medio de personas que ni siquiera se dan cuenta. La realidad es que aprendemos mas de Dios en la calle que en las iglesias y por eso debemos estar agradecidos. Me uno a Mili, sigue escribiendo.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...