Una Rata me estaba venciendo


Disculpen ustedes el lenguaje crudo que usaré en ocasiones durante este relato, para contarles mi experiencia con una rata.

Hace poco más de tres meses que se de sus entradas y salidas. Tan pronto como lo noté decidí tomar acción proactiva. El animal estaba entrando a la cocina. Demás está decirles que hacía estragos con las probaciones.

Me preocupaba mucho el asunto porque tengo niños, y es de todos conocido lo infeccioso que puede ser la presencia de una rata en la casa. Así que mi acción proactiva consistió en sellar bien las mallas que cubren las ventanas (“screen”).
Pero el roedor, que para ese entonces desconocía su tamaño, era astuto, y seguía entrando a la casa. Mire bien la ventana y note un hueco en la malla. Si señores, el perturbador había hecho un hoyo en la malla metálica.

Bueno, lo lógico es entonces sellar el hueco usando mas malla. Así que tome un pedazo que me sobraba y con la sensibilidad de un artista coci el pedazo, sellando la perforación hecha por el animal.

Finalmente estaba tranquilo. No tendría que preocuparme más. El siguiente día, llame a mi familia para que vieran mi obra de arte. Con un tacto casi quirúrgico, había sellado el hueco en una combinación de elegancia y estilo. Pero al llevar a mi familia a mi propia capilla cistina, descubrí lo inimaginable. El desgraciado había perforado el mismo centro de la malla que coloqué.

Me sentí burlado, humillado ante mi familia por un animal cuyo cerebro es mucho menor que el mío. Es así como la batalla se convirtió en una guerra darwinista.

Pensé en las mil maneras de vencerlo y demostrar que soy el más fuerte. Fue cuando llego “la idea”. Usaría mis conocimientos de Ingeniería eléctrica para sorprenderlo.
Corte la extensión eléctrica y expuse los cables en la punta. Coloque los extremos de los cables en la entrada del nuevo hueco hecho por…, ya ustedes saben.

Iba a ser perfecto, al entrar por la perforación el animal se encontraría primero con un cable, luego al penetrar su cabeza encontraría el otro. Esto haría correr la corriente eléctrica a través de su cuerpo, causando el efecto que quería. Mi intención era acabarlo. Si no lo lograba, al menos causaba el efecto Pavlov.

Advertí a la familia sobre la trampa eléctrica y descansé confiado. Pasó un día, dos, tres y no volví a tener noticias del animal. Bueno quizás estaba adolorido por las descargas eléctricas. Quizás había muerto. Tal vez el estimulo venció el instinto.

Paso algún tiempo cuando volví de nuevo a notar sus rastros en la cocina. Esta vez tenía el testimonio de mi familia que aseguraban haberlo visto. Era una enorme rata.
Repetidas veces tapamos el hueco. Pero era inútil, lo perforaba ves tras ves. Estaba atado, el pequeño cerebro parecía vencerme.

Una noche mientras caminaba por la casa vi algo moverse en la cocina (su lugar preferido). Por fin nos veíamos, las dos especies luchando contra la extinción individual. El se detuvo sigiloso, yo tome un machete con audacia.

Lo perseguí por la casa. Su rapidez parecía cansarme. Se detuvo bajo la silla del piano que está en la sala. Me preparé. Moví la silla y salió de ella. Fue cuando deje caer todo el peso del machete sobre su cuerpo. Lo impacte en el torso y lo detuve. Al sentirse pinchado por el machete intento morderlo inútilmente. El poco filo de la herramienta evitó un derramamiento de sangre. Mientras lo detenía con el machete, usamos otro para asfixiarlo. Finalmente murió quien nos había aterrorizado por meses.

Finalmente venció el más fuerte.

La palabra dice que somos hechos un poco menor que los ángeles, y los ángeles son infinitamente menor que Dios. Así que Dios es el más fuerte.

Podemos jugar con Dios como queramos. Podemos entrar y salir de su presencia cuantas veces se nos ocurra. Podemos usar de sus provisiones como si fuéramos dueños de ellas. Podemos rechazar su llamado a aceptar el sacrificio de Cristo cuantas veces se nos ocurra, creando nuestro propio hueco de salvación. Pero un día enfrentaremos el juicio del creador. Ese día el propio peso de nuestro pecado sin perdonar caerá sobre nosotros asfixiando nuestra existencia.

Hoy debe vencer el más fuerte en tu vida, no esperes a la inminencia del final de los días.

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