Resureccion: ¿Una mentira?


Si no hay resurrección, entonces no tiene sentido lo que estoy predicando. No tiene sentido mi fe. Sin fe no tengo esperanza. Sin esperanza, soy solo una pluma en el aire, sin rumbo ni dirección (1 Corintios 15:14).

¡Pero sí hubo resurrección! Los apóstoles fueron testigos, de otra manera no hubieran llegado hasta la muerte por esa filosofía. Si en efecto todo hubiera sido un montaje teatral (lo de la muerte y resurrección de Cristo), esos santos hombres no hubieran llegado a los extremos que llegaron por su fe.

¿Cuáles extremos?

Marcos: Descuartizado
Pedro: Crucificado de cabeza
Judas Tadeo: Crucificado
Bartolomé: Azotado y crucificado
Tomás: Atravesado por una lanza
Juan: hijo de Zebedeo: Decapitado en el año 44
Felipe: Crucificado en el año 54
Mateo: Traspasado por una espada
Santiago (Jacobo el menor): Apedreado
Matías (el reemplazo de Judas): Apedreado y decapitado.
Andrés: Crucificado.

Nadie soportaría la martirización por una idea de la cual no esté convencido. Puede que un ser humano se inmole por una causa de guerra. Vemos como los extremistas árabes se cargan de explosivos para hacerlos explotar en lugares atestados de seres humanos inocentes. Pero eso es diferente, la causa principal no es la muerte propia, si no la venganza irracional. Matar a cuantos se pueda en honor a la “Jihad” (guerra santa árabe).

La muerte de los apóstoles no vengó nada. No mató a nadie. Murieron con la convicción de que habrían de resucitar en el día de Dios. Por lo tanto estaban convencidos de que la resurrección era real. Habían sido convencidos con la evidencia misma. Esa evidencia murió en la cruz, pero resucito al tercer día, camino entre ellos, comió con ellos, los enseño, los consoló, y lo vieron partir.

Fueron convencidos por la empírica. No meras palabras retóricas, si no una experiencia demostrada hasta la última consecuencia. Por eso tuvieron la capacidad de llegar hasta la consecuencia más extrema que llega un ser humano, la martirización y la muerte por una idea.

Esa idea no es un concepto abstracto, no es un manifiesto; obró tres años y medio, suficiente tiempo para cambiar la historia, las ideas, la religión, los seres humanos, mi vida.

Por eso creo en la resurrección de Cristo.

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