¿Heme Aqui?, si aja!!!!

“Heme aquí, envíame a mi” Isaías 6:8

¿Cuantas veces hemos escuchado a predicadores citando estas palabras del profeta Isaías?
Esta frase del vidente retumba en nuestros oídos como una evidencia de que nos falta mucho para crecer en la vida espiritual. De hecho, ese es el matiz que se le atribuye. Normalmente, ésta decidida respuesta de Isaías, es citada cuando se busca una decisión de los jóvenes o adultos de la congregación. Se presenta precedida de un regaño, ¿donde están esos hombres como Isaías?

La verdad es que no hay muchos hombres hoy día que posean la elegancia literaria del profeta Isaías. Escribía como pocos. Pero, no es eso lo que se alaba cuando se recuerdan sus palabras del capítulo 6.

Se exalta su tenacidad, su compromiso con el llamado que Dios le hace. ¿Necesitas a alguien a quien enviar Señor?, pues heme aquí yo iré donde tú quieras, sin importar las consecuencias.
La pregunta que me hago es, como un hombre (y al decir hombre cargo en la palabra misma la etimología con la que a través de la historia los “hombres” la hemos redefinido), puede acercarse de esa manera a Dios y satisfacer sus demandas.

Para mí, en mi auto definición de hombre, hacer eso es imposible. Aunque quisiera comprometerme con el creador, me aterra acercarme a su grandeza y pretender satisfacerlo. Soy muy poca cosa ante su majestad. Es como pretender la hija del rey de España cerca del día de las madres. ¿Qué le puedo comprar a la reina que satisfaga su estilo de vida? Imagínense, llegar al que lo tiene todo y ofrecerle lo que tengo disponible. Que ingenuidad!!

Aunque Isaías poseía sangre real, pues era descendiente de la alta sociedad de su tiempo, aun así era un hombre. ¿Como pudo tener la valentía de responder tan decidido?

La clave la encontré en los versículos anteriores, veamos:
Isaías era un simple pecador como tú y como yo. Era imposible que tuviera la fortaleza de acercarse a Dios como lo hizo, esa es nuestra premisa. ¿Qué le dio la fortaleza para estar ante el Santo de los Santos y poder articular?

Los versos 6 y 7 del capítulo 6 de su libro nos dan la respuesta. Un serafín, de esos que están en la presencia misma de Dios, suspendiendo su labor, descendió para encontrarse con el profeta. El ser celestial, llego con un carbón encendido, toco la boca del atónito vidente y le dijo. “He aquí que esto toco tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.”

Aquí está la clave. Un encuentro con la salvación. Fue tocado por el carbón encendido que estaba en las manos del ángel, luego dice el verso 7, tus pecados son limpios, eres libre de culpa.
Tenemos que entender que el serafín es solo un instrumento. No es él quien perdonó el pecado. El simbolismo del toque del carbón encendido es el que otorga el perdón.

Luego de esa purificación, Dios puede acercarse al profeta Isaías y llamarlo. Ahora, luego de ser limpio, puede el nuevo hombre dar una respuesta tan hermosa: “Heme aquí envíame a mi”
Cuando citemos este caso, recuerden que primero debe haber un encuentro con el tizón de fuego. Ese tizón de fuego es un símbolo de la purificación que obra el fuego de Dios sobre nosotros. Ese fuego santo es Jesús, quien al tocarnos, perdona nuestros desaciertos y nos prepara para estar ante la presencia misma de Dios Padre.

No tiene sentido exigir un “heme aquí”, si antes no hay un encuentro personal con Jesús. Hay que llevar a los jóvenes y adultos al encuentro con el tizón. ¿Como se hace?, exalte a Cristo por encima de la cima de sus propios prejuicios, deje que Jesús sea su norte, y si hay un sur camínelo con El. Luego muestre el tizón quemando sus imperfecciones.

Eso lo convertirá a usted en un instrumento, como el serafín. Y a su oyente en uno que aceptara el llamado de Dios, al cual responderá sin vacilar: “Heme aquí, envíame a mi”

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