Jesus en el Niagara


Hace unos meses visité con mi familia las Cataratas del Niágara. Al estar ante tal majestuosidad me sentí impotente. Que pomposa manifestación de cinética.

Al llegar al lugar, estacionamos el vehículo que nos había acompañado durante las últimas 12 horas por un trayecto de cerca de 500 km. Luego caminamos como quien quisiera correr y a la vez detenerse para disimular la emoción. Cruzamos la calle y vimos la neblina que emergía de la poderosa caída. Finalmente estuvimos frente a ella. Infinitas cantidades de gotas descendían ruidosamente desde la ruptura de la cuenca hasta la plataforma inferior del rio. Vi los rostros absortos de aquellos que como yo solo pronunciaban monosílabos de exclamación. Ah!!!!!!!

¿Como es posible, como se formo, cuanta energía estará contenida entre estas bravas aguas?, me pregunte.

Pero la pregunta que saco mí atención de las cataratas fue: ¿desde cuándo estarán estas aguas cayendo? En ese momento me eleve muy alto.

Desde ese entonces han caído segundo a segundo, hora tras hora, mes tras mes, siglo a siglo, por milenios. Wao!!!, ¿de dónde sale tanta agua?

Y como Dios se nos infiltra en todo. Aprovechó ese momento existencial de mi intelecto para manifestarse y enseñarme la complejidad de la sencillez.

Minuto a minuto, día a día, semana tras semanas, por milenios, en una razón constante e incesante, su gracia ha descendido desde lo alto. Un torrente de millones de bondades ha empapado la plataforma de pecado en la que vivimos. Una imparable corriente de bendición desciende sin saber nosotros de donde sale. Solo la vemos caer.

Aun sin merecerlo Dios ha conectado sus fuentes eternas con la humanidad caída, mediante un cauce santo, llamado Jesús.

Al entender eso, regresé a darme cuenta que estada en Canadá, frente a las Cataratas del Niágara. Tome algunos videos y unas cuantas fotos. Te incluyo una.

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