Buscando Vida Extraterrestre



En algún momento, al contemplar las estrellas nos hemos preguntado, ¿habrá vida en esos distantes cuerpos celestes?
Esta posibilidad ha estado en la mente de los seres humanos desde hace miles de años. La idea llega formalmente al occidente en los escritos del filósofo griego Tales de Mileto, pero es Giordano Bruno, filosofo italiano, quien propone la teoría en la temprana edad moderna.
Bruno escribió sobre la posibilidad de un universo infinito, donde cada estrella poseía su propio sistema solar. Sus posturas no fueron muy populares, por tal razón fue sometido y ejecutado por el tribunal de la inquisición en el año 1600.
Mas adelante en los siglos 18 y 19 la idea fue tomada por luminarias del campo científico como William Herschel, famoso por descubrir el planeta Urano, Emmanuel Kant, filósofo alemán, y el famoso inventor norteamericano Benjamín Franklin.
Durante el siglo 20, la búsqueda de respuestas fue respaldada por millonarias asignaciones de presupuesto. El proyecto SETI (“Search for Extra-Terrestrial Intelligence”), agrupa varios esfuerzos que han tenido el fin de detectar vida inteligente fuera de la tierra.
Otros programas centran su búsqueda en evidencia de vida unicelular dentro del sistema solar. Buscan vida en el Planeta Marte o simplemente examinan restos de meteoros caídos en la tierra. Estos proyectos se nutren de fondos públicos y privados.

Proyectos como el Hubble, con sus 13.2 m de largo, siendo el telescopio en orbita más grande de la historia; dió esperanzas a la comunidad científica, de poder descubrir los secretos del universo. Solo su lanzamiento costó $1.5 Billones.
Nuevos telescopios como el Herschel incrementaran el consumo de recursos por sobre $1.2 billones.
Los científicos apuntan sus telescopios y radares hacia planetas fuera del sistema solar. Han teorizado sobre la posibilidad de vida en Gliese 581c, localizado a mas de 20 años luz (distancia que viaja la luz en un año). Este planeta parece tener características similares a la Tierra.
Hoy día 2,500 años después de los escritos de Tales, todavía no tenemos una respuesta clara de si existe vida inteligente en otros planetas. No podemos contestar aun si existen organismos unicelulares fuera de la atmósfera terrestre.
Aunque entendemos la necesidad de estudiar el espacio, y asignar fondos para las exploraciones espaciales, es importante considerar el desarrollo sostenible.
Buscamos vida en lejanos planetas, tan distantes que ningún ser vivo podrá llegar aunque comience su travesía siendo un infante. Inyectamos miles de millones a estudios sobre la posibilidad de vida fuera de la Tierra, sin embargo, aquí cerca, a solo kilómetros de distancia se nos va la vida.
Desarrollo sostenible es pensar en crecimiento mientras se protegen los recursos para las futuras generaciones. Pero no hablamos de futuras generaciones, hablamos de hambre, malnutrición, desempleo, desplazamientos, esclavitud, abuso sexual con seres humanos vivos, que mueren detrás del velo de nuestra inconciencia.
Países como Haití, Chad, Comoros, Burundi, Afganistán, Ruanda y Kiribati, viven en el borde de la vida. De acuerdo a un informe de las Naciones Unidas, el 40% de los pobres del mundo vivió con 5% de los ingresos mundiales, mientras los ricos que representan 20%, lo hicieron con 75% de los ingresos.
El planteamiento es a favor de la ciencia, en nombre de la vida. Primero pensemos en la plenitud de la vida que existe sin necesidad de demostraciones, aquella que vemos a simple vista sin necesidad de telescopios ni radares siderales. Luego pensemos en las investigaciones espaciales.
César B. Tavárez

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